Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando el altar desnudo por ello hasta que, después de la vigilia solemne o espera nocturna de la Resurrección, se desborde la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los cincuenta días siguientes.
Hoy no puede darse la sagrada comunión más que como viático.
1. Según una tradición muy antigua, ésta es noche de vigilia ante el Señor (Éx 12,42), de tal modo que, teniendo presente la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss), las velas estén encendidas en las manos de los fieles, para que se asemejen a quienes esperan el regreso del Señor, y así, cuando venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.
2. La Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después del breve lucernario (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia medita los portentos que obró desde el principio el Señor Dios con su pueblo, que confiaba en su Palabra y en su promesa (segunda parte o liturgia de la palabra); luego, al acercarse el día de la resurrección, junto con los nuevos hijos renacidos por el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte).
3.Toda la celebración de la Vigilia Pascual se desarrolla durante la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche, ni terminar antes del alba del domingo.
4. La misa de la noche, aunque se celebre antes de la media noche, es la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de Vigilia, pueden comulgar también en la misa diurna de Pascua.
5. El que celebra o concelebra la misa de Vigilia, puede también celebrar o concelebrar la misa diurna de Pascua.
6. El celebrante y los ministros se revisten con los ornamentos blancos de la misa. Prepárense velas para todos los que participan en la Vigilia.
8. El celebrante saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:
Hermanos: en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si conmemoramos así la Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en Dios.
9. Seguidamente se bendice el fuego.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has comunicado el fuego de tu luz: santifica † este fuego, y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros el deseo del cielo, para que podamos llegar con el espíritu renovado a la fiesta de la eterna luz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual
10. Bendecido el nuevo fuego, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante, que con un punzón graba la cruz en el mismo cirio. Después hace sobre él la letra griega alfa, y debajo la letra omega, y entre los brazos de la cruz los números que expresan el año en curso, mientras dice:
1. Cristo ayer y hoy.
(Traza la línea vertical.)
2. Principio y fin.
(Traza la línea horizontal).
3. Alfa.
(Traza la letra alfa, arriba de la línea vertical).
4. Y omega.
(Traza la letra omega debajo de la línea vertical).
5. Suyo es el tiempo.
(Traza el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz).
6. Y la eternidad.
(Traza el segundo número del año en el ángulo superior derecho).
7. A él la gloria y el poder.
(Traza el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo).
8. Por los siglos de los siglos.
Amén.
(Traza el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho).
11. Después de haber trazado la cruz y los otros signos, el celebrante incrusta en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1. Por sus llagas
2. santas y gloriosas
3. nos proteja
4. y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
12. El celebrante enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.
13. Cuando por dificultades no puede encenderse una hoguera, la bendición del fuego se acomoda a las circunstancias.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
15. Después todos entran en el templo, precediéndoles el diácono o el celebrante con el cirio pascual. Si se emplea el incienso, entonces el turiferario va antes. A la puerta del templo, el diácono o el celebrante, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo:
Luz de Cristo
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Y encienden sus velas de la llama del cirio pascual, y avanzan.
El diácono o el celebrante, cuando hubiese llegado ante el altar, de pie y vuelto al pueblo, canta por tercera vez:
Luz de Cristo
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Y se encienden las luces del templo.
16. Cuando el celebrante ha llegado al altar, va a su sede. El diácono o él mismo pone el cirio pascual sobre el candelabro colocado en medio del prebisterio o junto al ambón; seguidamente, una vez puesto el incienso -si se trata del diácono- pide y recibe la bendición del celebrante, que dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que puedas anunciar dignamente su pregón pascual, en el nombre del Padre y del Hijo † y del Espíritu Santo.
Amén.
Esta bendición se omite, si el pregón pascual es anunciado por alguien que no sea diácono.
7. El diácono o el celebrante, una vez incensados el libro y el cirio, anuncia el pregón pascual en el ambón, estando todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche en la que, los que creen en Cristo por toda la tierra, son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo". Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta,
Padre santo, este sacrificio
vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Jesucristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
Amén.
20. Por causas pastorales puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento. Pero siempre téngase en cuenta que la lectura de la Palabra es uno de los elementos fundamentales de esta Vigilia Pascual.Se leen, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento, que en casos muy especiales pueden reducirse a dos. Nunca puede omitirse el relato del capítulo 14 del Exodo (lectura tercera).
21. Apagadas las velas, todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el celebrante exhorta al pueblo con estas palabras:
Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la historia de la
salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y
resurrección, salvara a todos los humanos.
Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.
22. Después siguen las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera. Seguidamente el cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Acabado el salmo, todos se levantan y el celebrante dice: "Oremos", y, después que todos han orado en silencio durante algún tiempo, dice la oración.
Lectura del libro del Génesis
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las de las aguas.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice al Señor, alma mía; Dios mío, qué grande eres. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Afirmaste la tierra sobre sus cimientos y permanecerá inconmovible para siempre; le pusiste el océano como vestido y las aguas cubrían las montañas.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
De los manantiales sacas los ríos, que corren entre las
montañas. En sus riberas anidan las aves del cielo, que dejan oír su canto entre las ramas.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Desde tu cielo riegas las montañas, con tu acción fecundas la tierra. Haces que brote la hierba para el ganado y que crezcan las plantas que el hombre siembra.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
¡Cuántas son tus obras Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice al Señor, alma mía!
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
24. Oración
Oremos:
Lectura del libro del Génesis
En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abrahán y lo llamó:
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos. Tengo siempre presente al Señor: con él a mi derecha jamás fracasaré.
Por eso se me alegra el corazón, hacen fiesta mis entrañas, y todo mi ser descansa tranquilo, porque no me
abandonarás en el abismo, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción.
Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
25. Oración
Oremos:
Lectura del libro del Exodo
En aquellos días dijo el Señor a Moisés:
Alabemos al Señor por su victoria.
Cantaré al Señor porque se cubrió de gloria: caballos y jinetes arrojó al mar. Mi fuerza y mi refugio es el Señor. El fue mi salvación. El es mi Dios, yo lo alabaré, el Dios de mi padre, yo lo ensalzaré.
El Señor es un fuerte guerrero; su nombre es el Señor. Arrojó al mar los carros del faraón y su ejército: el mar Rojo se tragó lo más selecto de sus jefes.
Las olas los cubrieron; se hundieron como piedras en el abismo. Tu diestra, Señor,
resplandece de poder; tu diestra aplasta al enemigo.
Los guiarás y los plantarás en la montaña de tu heredad, en el lugar donde has puesto tu
morada, Señor, en el santuario que han construido tus manos. ¡Reinará el Señor por siempre jamás!
26. Oración
Oremos:
El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es Señor todopoderoso. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Puede ser rechazada la esposa tomada en la juventud?, dice el Señor.
Te alabaré, Señor, porque me has librado
Yo te alabo, Señor, porque me has librado, no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Tú, Señor, me libraste del abismo, me reanimaste cuando estaba a punto de morir.
¡Canten al Señor, fieles suyos, den gracias a su santo nombre! Porque su enojo dura un instante, pero su bondad, toda la vida: por la tarde nos domina el llanto, por la mañana todo es alegría.
Escucha, Señor, y ten compasión de mí, Señor, ven en mi ayuda. Tú cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
27. Oración
Oremos:
Lectura del libro del profeta Isaías
Esto dice el Señor:
El Señor es mi Dios y salvador.
El Señor es el Dios que me salva; tengo confianza, y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación. Sacarán agua con gozo de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas, pregonen que su nombre es sublime.
Canten al Señor, porque ha hecho maravillas; que lo sepa la tierra entera. Griten alegres, habitantes de Sión, porque es grande es medio de ti el Santo de Israel.
28. Oración
Oremos:
Lectura del libro del profeta Baruc
Escucha, Israel, los mandamientos que dan vida. Reflexiona para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, te encuentras en país enemigo, envejeces en tierra extranjera, te has contaminado con los muertos y estás entre los que bajan al abismo? Abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. Aprende dónde está el discernimiento, dónde la fuerza, dónde la inteligencia, dónde la vida prolongada, dónde la luz para los ojos y la paz.
Tú tienes Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
Son preferibles al oro, al oro más fino; son más dulces que la miel, más que el jugo del panal.
29. Oración
Oremos:
Lectura del libro del profeta Ezequiel
En aquel tiempo, me vino esta palabra del Señor:
Estoy sediento de Dios, del Dios vivo.
Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Me lleno de nostalgia al recordar cómo entraba en el recinto, e iba hacia el templo de Dios, en medio del pueblo en fiesta, entre gritos de alegría y acción de gracias.
Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen, y me lleven a tu santo monte, hasta tu morada.
Y me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias con el arpa, Dios, Dios, mío.
30. Oración
Oremos:
31. Después de la última lectura del Antiguo Testamento, de su salmo y oración, se encienden las velas del
altar y el celebrante entona solemnemente el "Gloria", que todos prosiguen, mientras se tocan las campanas de acuerdo con las
costumbres de cada lugar.
Oremos:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos: ¿Ignoran acaso que todos nosotros, a quienes el bautismo ha vinculado a Cristo, hemos sido vinculados a su muerte? En efecto, por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartamos su resurrección. Sepan que nuestra antigua condición pecadora quedó clavada en la cruz con Cristo, para que, una vez destruido este cuerpo marcado por el pecado, no sirvamos ya más al pecado; porque cuando uno muere, queda libre del pecado.
Sal 117, 1-2.16ab-17.22-23
Aleluya, aleluya.
¡Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor! Diga el pueblo de Israel: es eterno su amor.
El brazo del Señor es sublime, el brazo del Señor hace prodigios. No he de morir, viviré y contaré las hazañas del Señor.
La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra fundamental. Esto es obra del Señor y es realmente admirable.
¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con aromas que habían preparado, y encontraron la piedra del sepulcro retirada a un lado. Entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Estaban sin saber que hacer, cuando dos hombres se presentaron ante ellas vestidos con ropas resplandecientes. Llenas de miedo, hicieron una profunda reverencia. Ellos les dijeron:
Hermanos: Acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a una nueva vida en la fuente bautismal y pidamos insistentemente todos juntos a Dios, nuestro Padre, que guíe y acompañe sus pasos hacia la fuente bautismal.
Si se bendice la fuente, pero no hay bautizados:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle que con su poder santifique esta agua, para que cuantos en ella renazcan por el bautismo sean incorporados a Cristo y contados entre los hijos de adopción.
32. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden, estando en pie. Si hay procesión, se organiza de esta manera: primero el cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con los padrinos;
después el celebrante con los ministros.
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Santa María, madre de Dios
San Miguel
Santos ángeles de Dios
San Juan Bautista
San José
Santos Pedro y Pablo
San Andrés
San Juan
Santa María Magdalena
San Esteban
San Ignacio de Antioquía
San Lorenzo
Santas Perpetua y Felicidad
Santa Inés
San Gregorio
San Agustín
San Atanasio
San Basilio
San Martín
Santos Francisco y Domingo
San Francisco Javier
San Juan María Vianney
Santa Catalina de Siena
Santa Teresa de Jesús
Santos y santas de Dios
Muéstrate propicio
De todo mal
De todo pecado
De la muerte eterna
Por tu encarnación
Por tu muerte y resurrección
Por el don del Espíritu Santo
Nosotros, que somos pecadores
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo.
Y metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:
Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente,
Y teniendo el cirio en el agua prosigue:
para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el Bautismo, resuciten con él a la vida.
Seguidamente saca el cirio del agua, y el pueblo proclama:
Manantiales, bendigan al Señor, alábenlo con himnos por los siglos.
Si no hay bautizados ni se bendice la fuente bautismal, el celebrante bendice el agua con la siguiente oración:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso para que bendiga esta agua, que va a ser
derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo; y pidámosle que nos renueve interiormente para que permanezcamos fieles al espíritu, que hemos recibido.
Celebrante:
Celebrante:
Celebrante:
Celebrante:
Celebrante:
Celebrante:
Celebrante:
El sacerdote rocía al pueblo con agua bendita.
Celebrante:
A Cristo, que, con su gloriosa resurrección ha vencido la muerte y ha destruido el pecado,
pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que han renovado en esta santa noche, roguemos al Señor.
A Cristo, que, con su santa resurrección, ha hecho renacer a los nuevos hijos de la Iglesia, engendrándolos por el agua y el Espíritu Santo, pidámosle que afirme en ellos los dones que les ha concedido en esta Pascua, roguemos al Señor.
A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por los que, por no creer en su triunfo, viven sin esperanza, roguemos al Señor.
A Cristo, que, con su santa resurrección, ha abierto las puertas de su reino a los que gemían en el abismo y ha otorgado la vida al humano mortal, pidámosle por todos los que sufren, roguemos al Señor.
A Cristo, que, con su gloriosa resurrección, anunció la alegría a las mujeres, y por medio de las mujeres a los apóstoles, y por medio de los apóstoles al mundo entero, pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo, roguemos al Señor.
Celebrante:
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas, para que la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales sea, por tu gracia, prenda de vida eterna.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Así, pues, celebremos la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.Primera Lectura
Vio Dios lo que había hecho: y era bueno
1, 1-31; 2, 1-2
Y dijo Dios:
"Que exista la luz".
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas. Llamó a la luz "día" y a las tinieblas "noche".
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
"Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras".
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas que hay debajo, de las que hay encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda "cielo".
Pasó una la tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
"Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar, y aparezca lo seco".
Y así fue. Y llamó Dios "tierra" a lo seco y "mar" a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles que den fruto y semilla según su especie sobre la tierra".
Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde que producía semilla y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
"Que haya lumbreras en la bóveda del cielo para separar el día de la noche, señalar las estaciones, los días y los años; que brillen en la bóveda del cielo para iluminar la tierra".
Y así fue. Hizo Dios dos grandes lumbreras: la mayor para regir el día y la menor para regir la noche; y también las estrellas. Y Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios:
"Llénense las aguas de seres vivientes, y que revoloteen sobre la tierra las aves a lo ancho de la bóveda del cielo".
Y creó Dios por especies los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan; y creó también las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno. Y los bendijo diciendo:
"Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar; que también las aves se multipliquen en la tierra".
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios:
"Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y bestias salvajes por especie".
Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios:
"Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen y semejanza; que dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los animales que se mueven sobre la tierra".
Y creó Dios a los seres
humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios
diciéndoles:
" Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla, dominen los peces del mar, las aves del cielo y todos los vivientes que se mueven sobre la tierra".
Y dijo Dios:
"Les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra; y todos los árboles que producen frutos y semilla les servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran les doy por alimento las verdes plantas".
Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todo lo que contienen. Cuando llegó el día séptimo, Dios había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Sal103, 1-2a.5-6.10.12.13.24
Dios todopoderoso y eterno, admirable siempre en todas tus obras; que tus redimidos comprendan cómo la creación del mundo en el comienzo de los siglos no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio pascual de Cristo en la plenitud de los tiempos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. Segunda Lectura
Sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
22, 1-18
"¡Abrahán, Abrahán!"
El respondió:
"Aquí estoy".
Y Dios le dijo:
"Toma a tu hijo único, Isaac, y vete a la región de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en la montaña que yo te indicaré".
Abrahán madrugó, preparó su burro, tomó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
"Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá para adorar a Dios y después regresaremos".
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban
juntos. Isaac dijo a su padre Abrahán:
"¡Padre!"
El respondió:
"Aquí estoy, hijo mío".
Isaac preguntó:
"Ya tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?"
Abrahán le contestó:
"Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío".
Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abrahán levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Después tomó el cuchillo para degollar a su hijo, pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
"¡Abrahán, Abrahán!"
El contestó:
"Aquí estoy".
El ángel le dijo:
"No descargues la mano contra tu hijo ni le hagas daño. Ya veo que obedeces a Dios y que no me niegas a tu hijo único".
Abrahán levantó entonces la vista y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán puso a aquel sitio el nombre de "el Señor provee", por lo que aun el día de hoy se dice: "la montaña donde el Señor provee".
El ángel del Señor volvió a llamar a Abrahán desde el cielo, y le dijo:
"Juro por mí mismo, palabra del Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de las playas. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque me has obedecido".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Sal 15, 5.8.9-10.11
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
¡Oh Dios, Padre supremo de los creyentes!, que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción y, por el misterio pascual, hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones, como lo habías prometido: concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén. Tercera Lectura
Los israelitas entraron en el mar sin mojarse
14, 15-31; 15, 1ª
"¿Porqué me piden ayuda? Ordena a los israelitas que emprendan la marcha. Tú levanta el bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo para que los israelitas pasen por medio del mar como si fuera tierra seca. Yo voy a endurecer todavía más el corazón de los egipcios, para que entren en el mar detrás de ustedes, y entonces me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros de guerra y de su caballería. Y reconocerán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me cubra de gloria a costa del faraón, de sus carros y de su caballería." Entonces el ángel de Dios, que iba delante de los israelitas, fue y se puso detrás de ellos. También la columna de nube que iba delante fue y se puso detrás, interponiéndose entre el ejército de los egipcios y los israelitas. Por un lado la nube era tenebrosa y por el otro alumbraba en la noche, de suerte que no pudieron acercarse unos a otros en toda la noche.
Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor, por medio de un fuerte viento del este que sopló toda la noche, hizo retroceder el mar y lo dividió en dos dejándolo seco. Los israelitas entraron en medio de mar como en tierra seca, mientras las aguas formaban una especie de muralla a ambos lados. Los egipcios se lanzaron en su persecución; toda la caballería del faraón, sus carros y sus jinetes, entraron tras ellos en medio del mar.
Pero antes de la madrugada, miró el Señor desde la columna de nube y de fuego al ejército de los egipcios y los desorganizó. Atascó las ruedas de los carros, que apenas podían avanzar. Entonces los egipcios se dijeron:
"Huyamos de Israel, porque el Señor combate a favor de ellos contra nosotros".
Entonces el Señor dijo a Moisés:
"Extiende tu mano sobre el mar para que las aguas se precipiten sobre los egipcios, sobre sus carros de guerra y su caballería".
Moisés extendió su mano sobre el mar, y al amanecer recuperó el mar su estado normal. Los egipcios se encontraron con las aguas en su huida, y de este modo los arrojó en medio del mar. Las aguas, al juntarse, cubrieron carros y jinetes y a todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar persiguiendo a los
israelitas. No escapó ni uno solo. Sin embargo, los israelitas caminaban en medio del mar como por tierra seca, mientras las aguas formaban una muralla a ambos lados. Así salvó el Señor aquel día a Israel del poder de los egipcios, e Israel pudo ver a los egipcios muertos en la orilla del mar. Los israelitas vieron cómo el Señor había golpeado prodigiosamente a los egipcios, temió el pueblo al Señor, y puso su confianza en él y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los israelitas cantaron este canto al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-19
Alabemos al Señor por su victoria.
Alabemos al Señor por su victoria.
Alabemos al Señor por su victoria.
Alabemos al Señor por su victoria.
Tus antiguos prodigios se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos, pues lo que tu poder hizo con las aguas para librar un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora por medio del agua del bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a los seres humanos del mundo entero contarse entre los hijos de Abrahán y participar de la dignidad del pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Cuarta Lectura
Con misericordia eterna te quiere el Señor
Lectura del libro del profeta Isaías
54, 5-14
Por un breve instante te abandoné, pero ahora te recibo con inmenso cariño. En un arrebato de enojo me oculté de ti por un momento, pero el amor con que te amo es eterno, dice el Señor, tu redentor.
Me sucede como en tiempos de Noé, cuando juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no volver a enojarme contra ti, ni amenazarte nunca más. Aunque las montañas cambien de lugar, y se desmoronen los cerros, no cambiará mi amor por ti, ni se desmoronará mi alianza de paz, dice el Señor, que te ama.
¡Atormentada y azotada por el viento, ciudad a quien nadie consuela! Yo mismo voy a poner las piedras de tus murallas sobre turquesas y tus cimientos sobre zafiros; haré de rubíes tus torres, tus puertas de diamante, y de piedras preciosas toda tu muralla. A tus hijos los instruirá el Señor, gozarán de gran prosperidad. Estarás fundada en la justicia, libre de opresión, ya nada temerás, y ningún terror te inquietará.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Sal 29, 2.4.5-6.11.12a. y 13b
Te alabaré, Señor, porque me has librado
Te alabaré, Señor, porque me has librado
Te alabaré, Señor, porque me has librado
Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra, la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu Iglesia vea en qué medida se ha
cumplido ya cuanto los patriarcas creyeron y esperaron.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
AménQuinta lectura
Vengan a mí, y vivirán; sellaré con ustedes alianza perpetua
55, 1-11
"Vengan por agua todos los sedientos; vengan aunque no tengan dinero; compren trigo y coman gratuitamente, compren vino y leche sin tener que pagar. ¿Porqué gastan el dinero en lo que no alimenta, el salario en lo que no quita el hambre? Escúchenme atentamente y comerán bien, se deleitarán con exquisitos alimentos. Presten atención, vengan a mí; escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, seré fiel a mi amor por David, a quien constituí mi testigo ante los pueblos, caudillo y Señor de las naciones; llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que te ignora correrá hacia ti, porque te honra el Señor, tu Dios, el Santo de Israel.
Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque sus planes no son mis planes, ni sus caminos son mis caminos dice el Señor. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los suyos; mis planes que sus planes. Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo regresan allí después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no regresará a mí vacía, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor. Salmo Responsorial
Is 12, 2-3.4bcd.5-6
El Señor es mi Dios y salvador.
El Señor es mi Dios y salvador.
El Señor es mi Dios y salvador.
Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo, que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios de los tiempos presentes: atiende los deseos de tu pueblo, porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Sexta Lectura
Camina a la claridad del resplandor del Señor
3, 9-15. 32-38; 4, 1-4
Pero ¿quién ha encontrado su lugar, quién ha penetrado en sus tesoros? Sólo aquel que todo lo sabe, la conoce; sólo él la examinó con su inteligencia. Aquel que cimentó la tierra para siempre y la pobló de animales cuadrúpedos; él manda a la luz y ella hace caso, la llama y temblando lo obedece. Brillan los astros y se alegran en su puesto de guardia; él los llama y responden: "Aquí estamos" y brillan alegres para su Creador.
Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él. El penetró los caminos de la sabiduría y se los enseñó a Jacob, su siervo, a Israel, su preferido. Después apareció la sabiduría sobre la tierra, y convivió con los hombres. Ella es el libro de los mandatos de Dios, la ley que subiste eternamente: todos los que la cumplen, tendrán vida, los que la abandonan, morirán. Conviértete, Jacob, y abrázala, camina al resplandor de su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a nación extranjera. Dichosos nosotros, Israel, porque se nos ha dado a conocer lo que agrada al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.Salmo Responsorial
Sal 18, 8.9.10.11
Tú tienes Señor, palabras de vida eterna.
Tú tienes Señor, palabras de vida eterna.
Tú tienes Señor, palabras de vida eterna.
Tú tienes Señor, palabras de vida eterna.
¡Oh Dios!, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia agregando a ella nuevos hijos: defiende con tu constante protección a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Séptima Lectura
Los rociaré con agua pura y les daré un corazón nuevo
36, 16-28
"Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su tierra la manchó con su conducta y sus acciones. Su conducta ante mí era como la impureza de una mujer en menstruación. Yo me enfurecí contra ellos, porque cometieron muchos asesinatos y se contaminaron dando culto a los ídolos. Yo los he dispersado entre las naciones los he esparcido por diversos países; los he juzgado según su conducta y sus acciones. Al llegar a las diversas naciones, donde se fueron, profanaron mi santo nombre, pues decían de ellos: "Son el pueblo del Señor y han tenido que abandonar su tierra". Así que yo tuve que defender mi santo nombre profanado por el pueblo de Israel entre las naciones a donde tuvo que ir dispersado.
Por eso, di a los israelitas: Esto dice el Señor: No hago esto por ustedes, pueblo de Israel, sino por mi santo nombre que ustedes han profanado en medio de las naciones adonde fueron. Haré que sea reconocida la grandeza de mi nombre, que ustedes profanaron entre las naciones. Así, cuando haga que por medio de ustedes sea reconocida mi grandeza en presencia de las naciones, reconocerán que yo soy el Señor, palabra del Señor.
Los tomaré de entre las naciones donde están, los recogeré de todos los países y los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y los purificare de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y los haré que vivan según mis mandamientos, observando y cumpliendo mis leyes. Vivirán en la tierra que di a sus antepasados; ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Sal 41, 3.5bcd; y 42, 3.4
Estoy sediento de Dios, del Dios vivo.
Estoy sediento de Dios, del Dios vivo.
Estoy sediento de Dios, del Dios vivo.
Estoy sediento de Dios, del Dios vivo.
Señor, Dios todopoderoso, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo se integra en Aquél que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
Amén.Oración Colecta
Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.Epístola
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá
6, 3-11
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, confiemos en que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no vuelve a morir, la muerte no tiene ya dominio sobre él. Porque cuando murió, murió al pecado de una vez para siempre; su vivir, en cambio, es un vivir para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios, en unión con Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
Aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya.
Aleluya, aleluya.Evangelio
24,1-12
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les dijo cuando estaba en Galilea: Que el Hijo del hombre debía ser entregado en manos de pecadores, que iban a crucificarlo y que resucitaría al tercer día".
Ellas se acordaron de estas palabras y, regresando del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Fueron María Magdalena, Juana, María la de Santiago y las demás mujeres que estaban con ellas las que comunicaron estas cosas a los apóstoles. Pero ellos pensaron que eran imaginaciones, y no les creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Al asomarse, sólo vio los lienzos, y regresó a casa, admirado de lo sucedido.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.Liturgia Bautismal
Si hay bautizados:
Hágase la monición antes de la bendición del agua.Letanías de los Santos
En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular del templo, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Rueguen por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Rueguen por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Rueguen por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Rueguen por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Rueguen por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros
Te rogamos, óyenosBendición del Agua
Si hay bautizados, el celebrante bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración:
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie seco por el mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera imagen de familia de los bautizados.
¡Oh Dios!, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:
"Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu santo".
Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el humano, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera al humano viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor Dios nuestro, escucha las oraciones de tu pueblo que vela en esta noche santa, en que celebramos la acción maravillosa de nuestra creación y la maravilla aún más grande de nuestra redención; dígnate † bendecir esta agua.
La creaste para hacer fecunda la tierra y para favorecer nuestros cuerpos con el frescor y la limpieza. La hiciste también instrumento de misericordia al librar a tu pueblo de la esclavitud y al apagar con ella su sed en el desierto; por los profetas la revelaste como signo de la nueva alianza que quisiste sellar con los humanos. Y cuando Cristo descendió a ella en el Jordán, renovaste nuestra naturaleza pecadora con el baño del nuevo renacimiento.
Que esta agua, Señor, avive en nosotros el recuerdo de nuestro bautismo, y nos haga participar en el gozo de nuestros hermanos bautizados en la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Renovación de las promesas bautismales
Hermanos, por el misterio Pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, al terminar el tiempo de penitencia de la Cuaresma, renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y nos comprometimos a servir a Dios en la santa Iglesia católica.
Así pues:
¿Renuncian al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Sí, renuncio.
¿Renuncian a todas las seducciones del mal, para que el pecado no los esclavice?
Sí, renuncio.
¿Renuncian a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Sí, renuncio.
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Sí, creo.
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de Santa María Virgen, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del Padre?
Sí, creo.
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de lo santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?
Sí, creo.
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con su gracia unidos a Jesucristo, nuestro Señor, para la vida eterna.
Amén.Oración de los Fieles
Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor, purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu, supliquemos con insistencia al Señor, diciendo:
Rey vencedor, escúchanos.
Rey vencedor, escúchanos.
Rey vencedor, escúchanos.
Rey vencedor, escúchanos.
Rey vencedor, escúchanos.
Rey vencedor, escúchanos.
Señor Jesucristo, que en el cielo eres glorificado por los ángeles y los santos y en la tierra eres enaltecido y adorado por tu Iglesia, en esta fiesta gloriosa de tu resurrección te pedimos que escuches nuestras plegarias y extiendas tu diestra misericordiosa sobre este pueblo que tiene puesta toda su esperanza en tu resurrección.
Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
Amén.Oración sobre las Ofrendas
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Prefacio
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]Antífona de la Comunión